Posteado por: literaturaymedios | diciembre 11, 2008

Presentación

Nuestra página es un intento de presentar las distintas modalidades de comunicación verbal que caracterizan a América Latina. Para ello es absolutamente necesario entrar en el territorio de las definiciones. Para comenzar explicaremos por qué hablamos de “América Latina” (y no de Sudamérica o Iberoamérica) y luego desarrollaremos en extensión los conceptos que atañen a nuestro objetivo principal: las lenguas que usan sus habitantes en la interacción cotidiana.

América Latina

Elegimos esta denominación porque es un concepto sociopolítico que remite a una historia y a una cultura que supera el concepto geográfico de “América del Sur”. Si la historia y la cultura es la verdadera patria de los hombres, “América Latina” alude a la “patria grande” que integra a la mayoría de sus habitantes.

A partir de este concepto consideramos dentro de América Latina a aquellos países como Jamaica, Surinam, Barbados o Belice (por citar solamente algunos ejemplos) que, aún teniendo idioma oficial inglés, poseen pautas culturales similares con otros países latinoamericanos. Por las mismas razones históricas, quedan incluidas en la designación del término las comunidades originarias aunque hablen su propio idioma. Las lenguas amerindias más habladas en Latinoamérica a principios del siglo XXI: quechua, guaraní, aymara, náhuatl, lenguas mayas y mapuche.

El nombre de “América Latina” designa entonces un conjunto de países y comunidades que comparten -en mayor o en menor medida- períodos históricos similares (conquista, colonización, esclavitud, independencia) y rasgos culturales compartidos que devienen de ese pasado común de colonialismo y lucha.

Variedades del lenguaje

La sociolingüística estudia el lenguaje en relación con la sociedad. La lingüística separada de lo social es una disciplina restringida, queda encerrada en sí misma y se vuelve incompleta. Para entender el lenguaje es preciso también entender los aspectos sociales en el que se desarrolla.

El objetivo de este trabajo es dar espacio a las variedades del español tratando de despojarlas de las clasificaciones tradicionales y mostrarlas como instrumentos de comunicación de un grupo, así como también como elemento representativo de una historia, una cultura y una tradición. Para ello, primero, consideramos necesario analizar desde el punto de vista lingüístico y social las nociones de lengua, dialecto y registro. A partir de esta distinción, causas y consecuencias de su uso, podemos asomar a cuestiones que están relacionadas con situaciones de poder, posiciones sociales y la cuestión del prestigio y desprestigio que implica socialmente el uso de la llamada lengua y de los llamados dialectos.

Lengua

Establecer una distinción entre lengua y dialectos puede parecer a simple vista una tarea relativamente sencilla. Cualquier hablante no experto puede reconocer y diferenciar la lengua estándar de lo que se denominan dialectos, al menos, en el uso corriente. Sin embargo en la distinción de los fenómenos que esos términos designan se entretejen cuestiones de poder. Manejar la lengua implica poder decir, opinar, expresarse y, sobre todo, implica ser aceptado “socialmente” en determinados estratos sociales. “Hablar bien” ayuda a ser escuchado y respetado por el otro. Históricamente se entiende que “hablar bien” consiste en “hablar” la lengua que ha logrado, por razones políticas, imponerse sobre las restantes: la llamada lengua estándar o extendida. Los hablantes de los dialectos “entienden” tácitamente que “esa” lengua que ellos hablan, en muchos casos denominada jerga por quienes quieren denostarla, no les “servirá” para avanzar y ascender socialmente y tienen dos opciones: aceptar las supuestas diferencias o a hacer valer sus derechos y lograr la aceptación de su lengua.[1]

Desde una concepción antigua la diferencia entre lengua y dialecto está delimitada por cuestiones que van desde lo funcional hasta lo político. Así, Hudson (1981) hace referencia a dos aspectos que se han tenido en cuenta para establecer la diferencia entre ambos: el tamaño y el prestigio. En cuanto al primer criterio de diferenciación, se dice que la lengua es más extensa que el dialecto. Aunque esta diferencia es fácilmente refutable debido a que existen dialectos que contienen más elementos que la lengua. El segundo criterio, mayormente aceptado por la comunidad científica (de la que tanto, como veremos, reniega Calvet), sostiene que el dialecto carece de prestigio como para ser usado en documentos formales, libros, etc. El proceso de estandarización de una lengua consta de cuatro etapas:

· Selección: debe ser elegida como lengua única. Esta selección tiene gran importancia política y social. El criterio de selección no siempre es igual: por lo general se remite a una cuestión de prestigio pero, como sostiene Calvet, la variedad impuesta por los centros de poder es la que gana el prestigio .

· Codificación: tiene que tener diccionarios y libros en donde figure su corrección e incorrección y quien la use debe aprender esas formas correctas.

· Elaboración funcional: tiene que usarse en todas las funciones asociadas con el gobierno central y con la escritura.

· Aceptación: tiene que ser aceptada por la población afectada. Este último rasgo siempre es discutido, ya que la lengua que logra imponerse lo hace por algún motivo político o de poder y no siempre con aceptación.

Dialecto

Las variedades del lenguaje se dividen en dos grandes grupos, las llamadas variedades horizontales o dialectales y las variedades verticales o registros

Como mencionamos anteriormente, conviven en una sociedad la lengua estándar y los dialectos. Arriba definimos brevemente la concepción antigua por lo cual se puede considerar lengua a un dialecto y no a otros.

Si nos referimos a dialecto, podemos decir, en una intencional simplificación, que son todas las variaciones léxicas, sintácticas, fonológicas respecto de la lengua estándar y son esos elementos lo que hace que una variedad sea distinta de otra.

En un intento de clasificación se puede decir que existen variaciones lectales que se identifican por las zonas geográficas, es decir, pueden distinguirse elementos lingüísticos que reciben el nombre de isoglosa; y existen también distinciones de tipo social: clase social, sexo y edad, los llamados sociolectos. Por ello, en muchas ocasiones los hablantes comparten un mismo territorio, pero no un mismo dialecto, porque no corresponden a la misma “comunidad”.

¿Qué es una comunidad? Autores como Lyons y Bloomfield relacionan la comunidad con el uso común de una lengua, los sociolingüistas como Lavob la definen como aquella que tiene normas compartidas y se comunica gracias a esas normas que comparte culturales y verbales, así como también las variedades lingüísticas. Hymes agrega el tema de las competencias comunicativas. Dentro de esta perspectiva etnolingüística, Gumperz (1982) sostiene que una comunidad lingüística es aquella que comparte las pistas de contextualización que permiten producir e interpretar el contexto. Es decir, entonces que en una misma zona geográfica vamos a encontrar variedades de lenguaje que se corresponden con distintas comunidades de habla y con distintas situaciones.

En las variantes situacionales Halliday distingue tres clases generales de dimensión que actúan sobre el lenguaje: el campo del discurso, el modo y el tenor. Estos tres aspectos conforman los distintos registros. El campo está relacionado con el tema, con los objetivos del discurso y con los conocimientos que el auditorio tenga del tema tratado. Este conjunto hará que la selección de términos, tecnicismos, construcciones varíe, según la situación comunicativa.

El modo guarda relación con el medio. Se tendrá en cuenta si es escrito u oral, si es una comunicación personal, telefónica, un discurso emitido por TV.

El tenor (o tono) es un factor de la situación que tiene relación con los protagonistas de la comunicación, tiene que ver con la relación con el oyente. El grado de compromiso con el texto que el enunciador presenta. Por ejemplo, puede presentar marcas deícticas de persona, marcas de modalización (evidentemente…¸creemos que…) Dentro del tenor, se pueden distinguir, también, el tono personal, lo que llevará a una selección de lengua formal o informal; y el tono funcional que se refiere a la intencionalidad (enseñar, convencer, explicar, ordenar, etc.).

Así es entonces que, respecto de la relación entre las variedades horizontales (dialectos) y verticales (registro) Hudson sostiene: “dialectos y registros suelen imbricarse considerablemente: el dialecto de un individuo puede ser el registro de otro. Así, por ejemplo, los elementos que una persona utiliza en todas las circunstancias, aunque sean informales, puede que sean utilizadas por algún otro en las ocasiones más formales. (…) Formas que son parte del dialecto del estándar son parte de un “registro” especial para el hablante no-estándar”.

Relación lengua-dialecto

Intentamos hasta aquí acercarnos a definiciones establecidas sobre lo que es lengua, dialecto y las distintas variedades del lenguaje. Pero las teorías más modernas cuestionan estas definiciones y proponen otra visión que es la que nos interesa para nuestro trabajo. Autores como Meillet, Ducrot, Todorov entran dentro de esta línea que sostiene que la diferencia entre dialecto y lengua no puede analizarse desde lo lingüístico, sino desde lo social. Calvet (1974) afirma: “La diferencia reside en un estatus adquirido. Pero la índole de ese estatuto y los procesos de su adquisición no resultan muy claros”. Y hace un recorrido de la relación lengua-dialecto en el siglo XVIII y XIX. Así, sostiene que en el primero predominaba la concepción de dialecto como aquello que es anterior, primitivo y de donde deriva la lengua. La comparación que se establece es la misma que entre salvajes y hombre moderno: de la misma manera que el otro, el anterior, el salvaje es un estadio antiguo de nuestra propia historia, lo mismo ocurre con las lenguas y se produce el fenómeno de la glotofagia en donde las lenguas de los otros viven como “fósiles de un estadio de nuestra propia evolución”. Es decir, basta con tomar los dialectos de los pueblos más salvajes para saber el origen de nuestra lengua. Pero esta glotofagia es un principio de racismo y una justificación de la implantación de una lengua sobre otras.

El siglo XIX, según el mismo autor, está más marcado por el racismo: aparece la idea de dialecto relacionado con lo provincial y con la antigüedad: “son restos, rastros, pliegues, que son asociados con una nobleza debida a la edad” y esto asegura raíces propias. Así, una lengua tiene posición geográfica y políticamente privilegiada frente a los dialectos que aparecen como sustratos de esta. Aparece con este concepto la idea de glotofagia. El uso de un dialecto no sólo es connotación de un lugar, sino del nivel cultural de una persona.

Según Saussure, la lengua sólo conoce dialectos, ninguno de los cuales se impone sobre otros. Esto implica un fraccionamiento indefinido. “Pero como la civilización al desarrollarse, multiplica las comunicaciones, se elige, por medio de una convención tácita, uno de los dialectos existentes para hacerlo vehículo de todo cuanto interesa a la nación en su conjunto”. A medida que se usa, este dialecto comienza a hacerse más complejo porque toma elementos de otros dialectos y lenguas. Esta concepción encierra la idea de que la diferencia entre dialecto y lengua no es más que política.

Pierre Bourdieu (1985) sostiene que se habla de regionalismos en función de ese patrón único que es la lengua oficial –entendida en él como una construcción asociada y producida por sectores de poder– y que es a partir de eso que las otras formas de hablar quedan “reducidas” a dialectos. Esta diferencia jerárquica entre los modos de expresarse se traduce en las diferencias que se hacen entre los distintos grupos.

En este sentido consideramos importante entender el dialecto como variedad lingüística (no como elemento anterior ni como elemento que se desprende de la lengua estándar) que tiene la misma jerarquía que la lengua

Así aunque como se advertirá en las páginas que vamos a presentar, la autodefinición de cada lengua regional como jerga, dialecto o jergas dialectales parecería conllevar consigo la concepción de superioridad de la lengua por sobre ellos, aquí brindamos un espacio a cada una de las comunidades y variedades lingüísticas y entendemos que serán leídas y entendidas con su propia impronta lingüística, social e histórica.

Variedades en América Latina

Explicados los conceptos de lengua y dialecto que permiten entender las distintas variedades de habla y el concepto de “América Latina” con el que trabajamos, nos queda explicar muy brevemente el proceso de diversificación que sufrieron las lenguas en este territorio.

En principio, la colonización por parte de España a América, trajo consigo la imposición del español como lengua oficial. Si bien hubo influencia de las lenguas aborígenes, estas últimas quedaron relegadas y reducidas, y sobreviven como “dialectos”.[2] El español como lengua oficial, a su vez, ha sufrido cambios propios de las comunidades lingüísticas en donde se desarrolló. En el artículo “Español latinoamericano o español para Latinoamérica” http://www.spanish-translator-services.com/espanol/articulos/espanol-latinoamericano.htm.encontramos un esbozo de las diferencias entre las diferentes variedades lingüísticas de América Latina y sirve como un primer acercamiento al tema que se desarrollará en cada uno de los países que figuran en este blog.

Si bien es una realidad que la lengua española se diversificó según las comunidades lingüísticas, la lengua estándar de América Latina es el castellano y, como tal, es el que rige para la corrección. En esa diversificación existen elementos de unión como la sintaxis, las normas ortográficas y la normativa. Las variantes están mayormente marcadas en los aspectos fonológicos, morfosintácticos y en el léxico. Un acercamiento más detallado del tema se realiza en http://www.salonhogar.com/espanol/lenguaje/lengua/zonas.htm.

En este blog se trata de identificar y sistematizar las lenguas habladas en algunos de los países de América Latina. La sistematización realizada no es una lista acabada de las lenguas existentes, sino que deja planteada la necesidad de conocer y respetar cada lengua como parte de las diversidades lingüísticas, culturales e históricas y la inquietud sobre las actitudes que se toman respecto de los denominados dialectos y sus hablantes.


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

  • BOURDIEU, P. (1985). ¿Qué significa hablar? Madrid: Akal.
  • CALVET, L. (1974). Lingüística y colonialismo. Breve tratado deglotofagia.Buenos Aires: FCE. (2002).
  • DEMONTE, V. “Lengua estándar, norma y normas en la difusión actual de la lengua española”, en Circunstancia [en línea].Revista Electrónica Cuatrimestral -Año I – Número 1 – Abril 2003 Disponible en línea: www.ortegaygasset.edu/ circunstancia /numero1/
  • GUMPERZ, J. (1982). “Contextualization conventions”. En Gumperz, J. Discourse strategies. Cambridge: Cambridge U. P. (Traducción interna de la Cátedra de Etnolingüística. Cuadernillo OPFyL Contexto).
  • HYMES, D (1972). “Hacia una etnografía de la comunicación”, en Garvin, P. & Lastra de Suárez, Antología de estudios de etnolingüística y sociolingüística. México, UNAM, Instituto de Investigaciones antropológicas.
  • HUDSON, R. (1981).La sociolingüística. Barcelona: Anagrama.
  • MENDEZ, S. (2004). La gramática sistémico-funcional. Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras.
  • MONIZ BANDEIRA, L. “América latina o Sudamérica?”, en Clarín 16 de mayo de 2005.
  • Wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Am%C3%A9rica_Latina [consultado el 2 de febrero de 2009]


[1] Entre los muchos reclamos que existen de las comunidades aborígenes, está el del respeto por su lengua en las instituciones educativas. En abril de 2006 Página 12 conversó con integrantes de las comunidades del Chaco: “María Dolores de Moreira es guaraní y vive en Paraguay. Para ella, sus 4 hijos “tienen que aprender nuestra cultura y la de otros”. También recalcó que sufren discriminación “en la salud y en la educación”, y recordó que “en la escuela me obligaban a hablar castellano”. Valentín, que entiende perfecto su idioma, también indicó que en la escuela “no nos dejaban hablar en nuestro idioma”.Eso fue cuando ellos eran niños. Ahora, en las comunidades rurales hay docentes bilingües dentro de la llamada educación intercultural, pero “el docente indígena es simplemente un acompañante, un traductor del maestro y nosotros decimos que los chicos tienen que aprender las dos culturas”, enfatizó Valentín. Israel advirtió que “no hay cargo pedagógico indígena dentro del Ministerio de Educación en la elaboración de los programas educativos”, por eso pasa lo que pasa”. [http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-65817-2006-04-20.html]

[2] Para el tema se puede leer el artículo de Justo Fernández López “Las lenguas aborígenes de América”.

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